Sistemas Complejos

De Filosofia de las Ciencias
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Reseña: Sistemas Complejos – Rolando García (2007). Ed. Gedisa, Barcelona, España.

La obra analizada describe la noción del autor respecto a los Sistemas Complejos, surgida a partir de su experiencia en el GARP (Programa de Investigación Global de la Atmósfera) en un contexto de alertas alimentarias por parte de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

García propone trabajar con un enfoque interdisciplinario sostenido epistemológicamente por el Constructivismo de Jean Piaget, con quien colaboró en varias ocasiones. Esto implica una postura en contra de la institucionalización académica de las distintas disciplinas científicas. La alternativa es entonces un trabajo desde la Teoría de Sistemas, desarrollada a partir de la obra de Ilya Prigoyine y condimentada con la epistemología genética de Piaget.

Básicamente, la complejidad, para García, no es sinónimo de complicado, desordenado ni incierto, por lo que se despega de posturas como la de Edgar Morin. En la concepción de la obra analizada, se busca una definición que permita desarrollar una propuesta metodológica: básicamente la complejidad sería entonces una característica de sistemas cuyos elementos poseen interdefinibilidad entre sí, es decir, mutua dependencia funcional. Habría una relación entre los objetos de estudio y las disciplinas científicas: existiría complejidad cuando es imposible considerar aspectos particulares de un fenómeno, proceso o situación a partir de una única disciplina específica.

Un sistema complejo es entonces una representación de un recorte de la realidad de la cual se desea dar cuenta, conceptualizada como una totalidad organizada (de ahí la denominación de sistema) en la cual los elementos no son separables, y por tanto no pueden ser estudiados aisladamente. (P. 21)

No se propone “integración interdisciplinaria” ya que dicha integración es parte de procesos históricos de diferenciación e integración que dan origen a distintas reconceptualizaciones disciplinarias, y no es útil para resolver problemas puntuales ad-hoc. En la evolución de las clasificaciones de las distintas disciplinas el último intento unificador fue el del Círculo de Viena, el cual fracasó en su programa por querer partir de la empiria pura como ladrillo en el cual cimentar toda teoría científica. El problema es que no hay tal cosa como “empiria pura”: toda observación está imbuida de teoría. Piaget propuso la existencia de un “sistema de las ciencias” como una “estructura de orden cíclico e irreductible a toda forma lineal”. Esta característica le da a la ciencia su potencial explicativo de la realidad a través de la mirada de las diferentes disciplinas, las cuales coexisten en el mencionado sistema manteniendo lazos funcionales entre sí, conformando una estructura.

Los sistemas complejos son también llamados “sistemas no descomponibles” en contraposición a los sistemas descomponibles. Esta denominación, propuesta por Herbert Simon, quiere significar que en los sistemas complejos el estudio de cada parte integrante en forma aislada no da cuenta de la totalidad, ni siquiera adicionándolos: el todo es más que la suma de sus partes. Los mismos están constituidos por elementos heterogéneos en interacción, y sus subsistemas pertenecen a los dominios materiales de disciplinas diversas1. A lo largo de la obra se enfatiza en múltiples oportunidades que la multidisciplinariedad implica miradas múltiples sobre el objeto de estudio, mientras la interdisciplinariedad integra los enfoques en la delimitación del problema. Entonces, para estudiar un sistema complejo se requieren equipos multidisciplinarios que trabajen en forma interdisciplinaria, fluctuando entre la especialidad y la generalidad. De aquí se desprende que para trabajar con la metodología propuesta es necesaria una concepción común del objeto de estudio entre los investigadores, como así también un marco conceptual y epistemológico común: deben todos estar de acuerdo respecto al conjunto de preguntas planteadas acerca del dominio del estudio, compartiendo asimismo el compromiso ontológico y el lenguaje, el cual no es propio de ninguna disciplina particular, sino que surge de la intersección de los dominios de los mismos en el contexto del problema trabajado.

Los sistemas complejos no están definidos, sino que se definen en forma particular durante el transcurso de una investigación determinada. Esta idea va en contra del empirismo lógico, dado que considera que el objeto de estudio no es un observable neutro (carente de teoría), sino que es construido a través de la interpretación de los investigadores: se busca en este proceso tornar inteligibles a los hechos, organizarlos y explicarlos, es decir, establecer relaciones causales entre los mismos a fin de explicar el funcionamiento de un sistema. Claro que estos supuestos “hechos”, no implicarían un compromiso con una concepción realista, pues en ese caso existiría una contradicción con la concepción de García respecto a que los sistemas no están dados sino que son construidos por los investigadores.

Las relaciones causales aparecen, desde esta perspectiva, como una “atribución” a la realidad empírica de relaciones expresadas en términos de necesidad lógica y coherencia en el seno de la teoría. (P. 46)

Esta concepción asimismo destierra a la inducción como método científico preferido, ya que el punto de partida no es la realidad empírica. Entre los componentes de un sistema complejo, además del marco epistémico (es decir el conjunto de preguntas-guía), tenemos sus elementos propios. Los mismos dan origen a la estructura del sistema, la cual está compuesta por las interrelaciones funcionales que se dan entre sus elementos. También aparecen como fundamentales los límites del sistema. Es muy importante la definición de cuál será el sistema y cuál por ende será el ambiente que interactúa con dicho sistema. Existen flujos (materiales, de información u otros) entre el sistema y el ambiente y a su vez entre los distintos subsistemas que conforman el sistema. Dichos flujos se agrupan en las llamadas “condiciones de contorno” del sistema o subsistema. A fin de estudiar la evolución de cada sistema, es importante también fijar las escalas espaciales y temporales.

Una característica que tienen todos los sistemas es que los mismos son susceptibles (según su mayor o menor resiliencia) a perturbaciones exógenas o endógenas: pueden soportarlas y permanecer estables o no, en cuyo caso sufrirán inestabilidad: desestructuraciones y reestructuraciones en forma dialéctica. Generalmente, los sistemas alcanzan estados estacionarios si no reciben perturbaciones, y cuando las reciben pasan a reconfigurarse. Dichas reconfiguraciones conforman la dinámica del sistema, y para comprenderla, es necesaria una mirada diacrónica (es decir histórica). En ocasiones vale la pena analizar cortes sincrónicos (escenarios), pero siempre teniendo en cuenta la historia completa del objeto de estudio. Los escenarios son especialmente útiles para las simulaciones, pero deben integrarse al análisis cualitativo diacrónico.

Los procesos que dan lugar a la dinámica del sistema se dan a distintos niveles. El nivel básico es el que corresponde generalmente a los efectos locales sobre el medio físico o sobre la población que lo habita. Luego hay metaprocesos o procesos de segundo nivel (de nivel regional, por ejemplo) que determinan los anteriores y también los hay de tercer nivel (de nivel nacional o global). Es necesario reconocer dichos niveles para analizarlos apropiadamente y evaluar las interacciones que poseen entre sí.

García en la obra también ofrece una heurística de trabajo para lograr un diagnóstico integral de un sistema complejo:

a) Reconocimiento general de los problemas. Formulación de preguntas-guía.

b) Análisis de estudios anteriores sobre la problemática, buscando los elementos comunes que puedan orientar el trabajo. En este sentido es necesario que cada informe sea correctamente documentado y preferentemente efectuado bajo un marco conceptual común.

c) Identificación de elementos y relaciones para caracterizar el sistema y las condiciones de contorno.

d) Planteo de hipótesis de trabajo para explicar el comportamiento del sistema. Durante dicho proceso es muy probable que deban reformularse las preguntas-guía efectuadas en el paso a).

e) Identificación de la problemática en cada subsistema para verificar o refutar las hipótesis elaboradas en el paso anterior. Planificación de trabajos sobre temas específicos.

f) Realización de las investigaciones disciplinarias específicas planificadas en el punto anterior.

g) Primera integración de las investigaciones realizadas en el paso anterior, que puede llevar a reformular el sistema según fue caracterizado en c) y también las preguntas-guía del paso a).

h) Repetición de los pasos e) y f).

i) Segunda integración, que puede llegar a reformular el sistema según fue re-caracterizado en g).

j) Se repiten los pasos h) e i) hasta alcanzar una explicación coherente por aproximaciones sucesivas que dé cuenta de los hechos estructurales analizados.

Los objetivos de una investigación interdisciplinaria se logran a través del juego dialéctico en las fases de diferenciación e integración que tienen lugar en el proceso que conduce a la definición y estudio de un sistema complejo. (P. 101)

García también plantea una metodología para elaborar programas de acción a partir de los diagnósticos. La diferencia esencial con la heurística anterior radica en el carácter prospectivo de ésta, centrado en la predictibilidad de la evolución de un nuevo sistema (resultante de una modificación potencial del actual con las medidas propuestas). La sustentabilidad del nuevo sistema será resultado de sus propiedades estructurales. Entonces se realizarán proyecciones hacia el futuro con cortes sincrónicos (escenarios) para vislumbrar los efectos posibles de la aplicación de las políticas potenciales y, de ser aceptables dichos efectos, se realizará un informe titulado “Proyecto de Cambio Recomendado”.

Por último, el autor también relata su visión respecto a la formación de científicos sociales. Se reflexiona sobre la necesidad de concientizar acerca de la dimensión social de la ciencia y de la responsabilidad social de los científicos. Además,

Es necesario reformular los enfoques tradicionales en cada una de las disciplinas con el doble objeto de extender su dominio de aplicación y de incorporar temáticas comunes con otras disciplinas, para permitir la articulación de sus análisis. (P. 111).

En definitiva, García nos ofrece una obra interesante para introducirnos al mundo de la complejidad, bajo el soporte epistemológico del constructivismo genético de Jean Piaget. Por su escaso nivel de profundidad, no se trata de una obra de referencia, sino más bien de iniciación, de mucha utilidad para aquellos neófitos en el tema, ya que explica la terminología específica con claridad y alude, aunque sea de manera tangencial, a algunos de los autores fundacionales de la ciencia de la complejidad. Asimismo, resulta importante notar el tipo de casos que es posible resolver a través de la heurística interdisciplinar propuesta, siempre teniendo en cuenta que existen otros tipos de sistemas complejos que quedan afuera de la definición ofrecida en el libro análisis.